REPÓKER DE CAMPEÓN

REPÓKER DE CAMPEÓN
CAMPEÓN DEL MUNDO (18-12-2011)

domingo, 23 de diciembre de 2012

Cabeza, pecho... Y coraje



El F.C. Barcelona de Tito Vilanova se marcha de vacaciones con el trabajo hecho. Y bien hecho. Como institución, el Barça ha madurado tanto estos años que no sólo el  aficionado culé, tradicionalmente derrotista y pesimista por naturaleza, es capaz de levantarse y aplaudir al equipo cuando Torres ejecuta la eliminación de la pasada semifinal de la Champions, sino que ante el revés de la marcha de alguien que ha conseguido lo que Pep Guardiola ha logrado al frente del banquillo blaugrana lo sucede su segundo, con la misma naturalidad con la que Jordi Roura, mano derecha de Vilanova, será su sustituto mientras el técnico, dado de alta en el día de ayer, siga convaleciente de su enfermedad.

Toda esta línea de trabajo, absolutamente sensata y de acuerdo con un modelo deportivo implantado desde hace décadas, se traduce en el campo y en los éxitos logrados. Es el sentido común, el famoso "seny", que propicia que, a pesar de las dificultades, de las piedras en el camino, los jugadores culés desarrollen sus roles a la perfección. Mientras prevalezca la idea, da igual quién los dirija: Guardiola, Vilanova o Roura. Lo único que hay que hacer es elegir a los once y dejarlos hacer en el campo.

Se trata, además, de jugadores comprometidos con la causa, porque son canteranos, porque la tienen interiorizada desde pequeños. En este Barça todos se sienten importantes; por ello, los capitanes dan un paso al frente si es necesario y se ponen al servicio del club, de Roura, de Altimira, de quien haga falta, para sacar la nave adelante mientras el comandante vuelve a tomar el mando. Ese escudo que llevan en el pecho, centenario, les hace pelear cada balón perdido, jugar cada encuentro como si fuera el último.

Ayer, Xavi ejerció de capitán en ausencia de Puyol. Y tuvo que ser él, que años antes anotó en Zorrilla un tanto decisivo para la continuidad de un Louis Van Gaal que no terminaba de arrancar, quien dedicara el primero de los tres goles a quien estuvo ausente, pero siempre presente en nuestra mente: Tito Vilanova. Posteriormente, Messi no quiso ser menos y protagonizó una de esas jugadas marca de la casa, con eslalon, caño a un defensor y tiro cruzado desde la frontal. Era su gol número 91, el último de 2012, aunque conociendo a la Pulga no se puede decir que ahí vaya a quedar el récord en los próximos años...

Con el encuentro controlado, los locales acortaron distancias a poco para el final, por lo que la emoción estuvo presente hasta el descuento. Era el momento de sacar la casta, el coraje, para que no se esfumara una victoria que todos querían dedicarle a Tito. Y Tello, uno de los jugadores que más minutos ha disputado desde que el técnico de Bellcaire se ha hecho cargo del primer equipo, redondeó el definitivo 1-3 en el añadido.

Con la victoria, el Barça se proclama matemáticamente campeón de invierno, mantiene la renta con el segundo clasificado (el Atlético de Madrid) e incrementa la distancia con el tercero, el otro equipo de la capital, que cayó estrepitosamente en Málaga y se sitúa a dieciséis puntos de los culés. Sin lugar a dudas, ni el más optimista habría adivinado estas circunstancias tan favorables.

Para terminar, desde este rincón de la red quisiera desear a los lectores una Feliz Navidad y un próspero año 2013.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

La fuerza de un sentimiento



Otra vez la vida caprichosa golpea el estado de felicidad del barcelonismo. Otra vez esa maldita enfermedad. Cuando todo eran buenas noticias: el liderato del equipo, las renovaciones de tres pesos pesados (Messi, Xavi y Puyol, en el orden que quieran), la vuelta de Eric Abidal a los entrenamientos... Hoy la vida nos enseña que siempre hay que estar alertas, que no existe la felicidad completa, que precisamente en eso radica la dificultad de la existencia. Nuestro entrenador, el artífice del mejor comienzo liguero de nuestra historia (y de la historia de la Liga), Tito Vilanova, ha recaído de su enfermedad.

Se trata, sin duda, de un duro golpe para el barcelonismo, que en apenas unos meses ha vivido dos procesos similares. La plantilla del mejor equipo de la historia, tan acostumbrada en los últimos tiempos a las mieles del éxito (hoy se cumplían tres años del mágico sextete), ha tenido que aprender a asimilar este tipo de golpes, como sucede en el seno de cualquier familia de la vida cotidiana en la que suceden estas cosas, desgraciadamente, día a día. Primero un compañero y ahora el míster. Nadie está a salvo de esta lacra, da igual el dinero que ganes, la edad que tengas o los hábitos de vida que lleves.

Obviamente, los casos de personas famosas suelen tener más repercusión que los de las anónimas.  También suelen servir de ejemplo cuando, como en el caso de Abidal, logran salir adelante, generando esperanza en todos aquellos que padecen lo mismo. Porque, en efecto, hay quien se cura y logra continuar con su vida con normalidad. Estoy convencida de que así volverá a ser con nuestro entrenador, que en poco tiempo estará de  nuevo en nuestro banquillo, diseñando jugadas, escogiendo alineaciones, celebrando goles con la pasión que le imprime ese sentimiento barcelonista mamado desde la cuna. La vida, que le negó la gloria en el Camp Nou cuando jugaba, no puede ser tan injusta y truncar su extraordinaria trayectoria en su recién iniciada etapa como entrenador del primer equipo de sus amores.

Es precisamente la fuerza de ese sentimiento blaugrana la que debe acompañarle cuando mañana sea intervenido a las ocho de la mañana. La mía, la tuya, la de todos los que, desde que se conoció la noticia, le han mostrado su apoyo por tierra, mar y tweeter. Si algo ha demostrado en todo este tiempo Vilanova es que jamás ha sido un cobarde y que tiene una gran personalidad y carácter arrolladores. Asumió un gran reto y el club, como queda patente con la magistral rueda de prensa institucional de Rosell y Zubizarreta, estará esperando su vuelta.

Ánimo Tito.

lunes, 17 de diciembre de 2012

De D10S en D10S


Al vertiginoso ritmo de dos en dos (Messi) y sumando de tres en tres (puntos), el F.C. Barcelona de Tito Vilanova abre brecha en la clasificación de la Liga BBVA y logra la estratosférica marca de 46 puntos de 48 posibles. Sólo un empate ha cedido en las dieciséis jornadas disputadas hasta ahora. En ellas, se ha enfrentado prácticamente con casi todos los mejores equipos (de la parte alta, queda el Málaga, si no me equivoco) que, en ocasiones, como anoche, incluso realizaron buenos planteamientos tácticos y se adelantaron en el marcador. Sin embargo, la fe, el hambre, el trabajo bien hecho de esta plantilla provoca no sólo que no se dé nada por perdido, sino que incluso se gane holgadamente.

Ayer el Atlético del Cholo Simeone, que venía haciendo unos números fantásticos, consiguió su objetivo durante media hora. En esos treinta minutos su centro del campo se impuso claramente al local, achicó espacios, juntó líneas y salió peligrosamente a la contra. Falcao, que amenazaba la burbuja de Messi (cinco goles anotó el Tigre ante el Deportivo el domingo pasado), dispuso de las mejores oportunidades, pero el palo y la falta de puntería evitaron que los colchoneros consiguieran una ventaja amplia en esos momentos de dominio visitante. En una contra, aprovechando un error de los pocos que suele tener Leo Messi, el colombiano no desperdició su tercera ocasión y batió con elegancia a Valdés.

El equipo zozobraba y el Atleti se crecía. Había logrado lo más difícil y sólo tenía que defenderlo o tratar de pescar otra contra fulminante. Sin embargo, se produjo una jugada clave: el empate de Adriano. El brasileño, titular en detrimento de Dani Alves, confirmó su excelente momento de forma, acompañado de una inusual capacidad goleadora (lleva a estas alturas los mismos tantos que en su mejor temporada como sevillista, y estamos en diciembre). El trallazo se coló por la escuadra de Courtois, que nada pudo hacer por detenerlo, convirtiéndose en espectador privilegiado de la parábola.

El tanto hizo bajar los brazos a los colchoneros... y al Barça le insufló renovados aires. El 2-1 fue obra de otro protagonista inesperado, Sergio Busquets (inesperado por lo poco que se prodiga en goles el pulpo de Badía, porque en lo que se refiere a su rendimiento, no exagero al afirmar que es tan decisivo en su puesto como Messi lo es en el suyo). En apenas unos minutos se consumaba la remontada.

A partir de ahí se disfrutó de otro partido. El Atlético se tuvo que ir arriba (Simeone sacó a Adrián y renunció a un mediocentro) y el fútbol-control culé, elaborando las jugadas y sin arriesgar en la posesión, obró el resto. Sólo era cuestión de tiempo que alguien que hasta ese momento había pasado desapercibido hiciera su aparición estelar: Leo Messi. El argentino conseguía el 3-1 desde la frontal y veía premiada su presión cerca del minuto noventa robándole la cartera a Godín y haciendo el cuarto, el segundo de su cuenta.

Con los dos de ayer, son noventa. Mal que le pese a aquellos que ponen en duda su récord, sacando nombres de futbolistas que muchos no habíamos oído nombrar en la vida (como Chitalu). Los intentos por desestabilizar a Leo, siempre originados en el mismo sitio, chocan en hueso: una y otra vez el crack argentino calla bocas batiendo todos los registros. No alcanzo a imaginar lo que les debe doler cada hazaña de D10S, hasta el punto de que el entrenador "top" de su equipo, ese que amenaza a periodistas cual Vito Corleone, se "lamentaba" de que Messi estuviera disponible dos días después de la fatídica entrada de Artur. Quizás deberían dejar de mirar aquello que va bien en nuestra casa y calmar los ánimos en la suya, a trece puntazos en diciembre. Porque el Espanyol ayer fue un aliado inesperado. Bendita liga aburrida...


lunes, 10 de diciembre de 2012

... Y al tercer día, resucitó...



El miércoles a las 22:30 parecía imposible. Muchos aficionados al fútbol en general (y al Barça en particular) "firmábamos" quince días fuera, un mes, tres en el mejor de los casos. La entrada de Artur sobre la rodilla del Messías dejaba helado a un Camp Nou que había pedido a gritos su concurso en el descanso, expectantes por ser los espectadores del histórico momento en que el argentino batiera el récord de Müller. Cuando lo vimos marcharse en camilla, sin apoyar el pie, con las manos sobre la cara, la mayoría de nosotros sospechó que dicha efeméride no se consumaría. Conteniendo la respiración, ávidos de noticias por tierra, mar y tweeter, ningún culé se acostó sin tener al menos la certeza de que al final no era tan grave. Hacia las 00:30 el comunicado del club no sólo confirmó la mejor de las noticias, sino que incluso no descartaba a Leo para el partido contra el Betis. Llovía bastante menos...

La fortaleza de Messi se demostró una vez más. Aquel enclenque chico que corría como loco a presionar, que descuidaba su alimentación y regateaba explosivamente, sin dosificarse, ha dejado paso a un musculoso y trabajado futbolista, acostumbrado a las entradas más escalofriantes, que siempre se levanta, que resucita en las peores circunstancias. Cuando dábamos por perdida en el último momento la superación del récord de ese torpedo alemán que no fue blaugrana por un bloqueo de su país, Leo no sólo fue convocado ante el Betis, sino que firmó los dos tantos (el primero tras una gran jugada personal) y superó la cifra de 85 goles en un año natural (pese a que algunos le sigan dando un tanto menos en Liga...).

El décimo doblete de Messi en la competición doméstica selló una trabajada victoria en un campo complicado, de esos donde, según se dice, se ganan las Ligas. El encuentro se puso pronto de cara, en apenas media hora espectacular en la que, además de Leo, Iniesta, escudero de lujo, hizo las delicias de los amantes del buen fútbol. El de Fuentealbilla enseñó su amplio abanico de habilidades: regate, asistencia, distribución de juego, cambio de ritmo... Dudo que haya ningún equipo con dos jugadores tan desequilibrantes en el mundo.

Fue una noche, no obstante, con noticias negativas: la lesión de Cesc Fàbregas (maldito femoral) y las molestias de Puyol, además de otro tanto encajado que hizo peligrar los tres puntos, varias jugadas de despiste general que acabaron en la madera (por suerte). Pedro no tuvo su día (pagó su frustración con una amarilla por una entrada a destiempo reflejo de la impotencia) y Alexis, que regresaba tras la lesión, se movió continuamente en  la banda, trabajador (como siempre) pero estuvo desafortunado en el uno contra uno y fallón en el último pase.

En el ritmo en el que se halla inmerso el F.C. Barcelona, apenas da tiempo a saborear el trabajo bien hecho, el récord conseguido (Leo no sólo batió a Müller, sino que también superó a César como máximo goleador en Liga), la meta superada. El jueves, en Córdoba, el equipo debe mantener su nivel para encarrilar el pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey. Quizás Messi descanse. Dios lo hizo tras siete días de frenética actividad...

domingo, 2 de diciembre de 2012

Histórico Barça, bestial Messi



Ya es oficial: el F.C. Barcelona de Tito Vilanova ha firmado el mejor arranque de la historia de la Liga. Trece victorias y un empate lo sitúan al frente de la clasificación, con seis puntos de ventaja sobre el segundo y mantiene los once sobre el eterno rival. Una renta holgada, lograda a base de buen fútbol y goles, sobre todo goles. En lo que llevamos de campaña, sólo en Liga, el Barça ha perforado la meta rival en nada menos que cuarenta y ocho ocasiones. Una barbaridad. Veintiuna de ellas, con el mismo protagonista: Leo Messi.

En efecto, aunque uno de los altavoces de la Central Lechera se empeñe en lo contrario, Messi consiguió anoche otro doblete. Así lo refleja el acta arbitral y así va a quedar plasmado (esperemos) mañana en la clasificación de la Bota de Oro. Hace dos años, los de la M (de manipuladores) no dudaron en atribuir la autoría de un tanto de falta de CR ante la Real Sociedad al portugués, cuando el disparo fue desviado por su compatriota Pepe. No tuvieron tanta determinación al conceder a Deco un disparo de Eto'o en la 2004-2005, algo que a la postre fue definitivo para que el camerunés perdiera un "pichichi" y una Bota de Oro en favor de Forlán. En aquel entonces, como ayer, el acta arbitral se lo daba a Samuel. Parece que los rebotes sólo se los ningunean a los delanteros del Barça...

Por lo que a mí respecta, por supuesto, el tanto iba para dentro, el desvío de Amorebieta no es trascendental para que su trayectoria cambie o engañe al portero (que ya estaba batido). Por lo tanto, el gol es de Leo, y se sitúa a sólo uno del torpedo Müller. Salvo hecatombe o lesión (toquemos madera), con todo diciembre por delante, parece evidente que Leo no sólo lo alcanzará, sino que, si sigue con su media actual (cuando anota en un partido, como mínimo, hace doblete), lo superará con creces. Lo mejor para los culés es que el techo de este genio aún parece que no ha llegado. Sólo él decidirá, con su ambición y su hambre, dónde lo va a dejar.

Por lo demás, el Athletic de Bielsa fue un "juguete" en manos del Barça. Los chicos de Tito eran más que conscientes de que su victoria en la noche de ayer era doble: los tres puntos que había en juego en el Camp Nou eran vitales para que el resultado del Bernabéu fuera favorable, pasara lo que pasara. Así, en efecto, el Barça fue el vencedor del derbi de la capital: aunque lo ideal hubiera sido un empate, para alejar a los dos, la victoria local hace más líder a los culés, que ahora tienen seis de ventaja sobre el segundo. Por supuesto, el Atleti demostró lo de siempre: mucho ruido y pocas nueces. Mucho me temo que aquello que los atenaza ante su eterno rival, inexplicablemente, se desata contra nosotros y luego nos ponen en tremendos apuros. Esperemos que este año no sea así...

Como curiosidad del encuentro, ayer anotaron los tres integrantes de la cosecha del 87: Piqué (el primero), Messi (el segundo y el quinto) y Cesc (el cuarto). Adriano completó, sin embargo, uno de los más espectaculares de la noche, por la jugada colectiva y su entrada al espacio. Una de las claves de este año es el aprovechamiento máximo de la profundidad de los laterales, más goleadores que nunca. El brasileño y Jordi Alba sorprenden desde atrás y no se lo piensan a la hora de definir. Ambos parecen en un óptimo estado de forma.

Con la Champions resuelta (el miércoles, trámite ante el Benfica, al estar ya clasificados como primeros de grupo), los dos próximos partidos ligueros serán importantes para al menos mantener la excelente renta actual. El Betis en el Villamarín y el Atleti en el Estadi son rivales tradicionalmente incómodos. Y, entre medias, la Copa. Se presenta un diciembre apasionante.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Te amo Barça



Cuando se gana de la manera que se ha ganado en el Ciudad de Valencia, los titulares, las ideas, las palabras vienen solos. El F.C. Barcelona pone la directa (y de qué manera) tanto en Liga como en Champions (he estado muy atareada esta semana y me ha sido imposible valorar la importante victoria en Moscú, que deja al equipo clasificado para los octavos de la máxima competición continental, a falta de una jornada, como primero de grupo). Desde mi punto de vista, lo de hoy es, si cabe, un paso más hacia la excelencia que se busca continuamente en este club desde hace unos años. Por varios motivos.

Partidazo (una vez más) de Messi, por supuesto, cada vez más cerca del torpedo Müller. Se merece el bueno de Leo no el Balón de Oro, sino un premio creado especialmente a su medida. Pero tiene en su compañero de equipo, Andrés Iniesta, un serio competidor. El crack de Fuentealbilla firmó su partido más completo de la temporada, con tres asistencias y un gol. El hombre del encuentro, sin lugar a dudas, con permiso de Messi, que lleva ocho dobletes y un hat-trick en lo que llevamos de año.

Pero si hay algo por lo que el partido va a pasar a la historia, además de por los once puntos de ventaja (¡once!) y de conseguir el mejor arranque liguero, es por un dato que se produjo con la lesión de Dani Alves: la entrada de Montoya, anecdótica en cualquier otro partido, completaba un once (¡once!) totalmente formado en La Masía. El sueño de Pep, el de todos los culés, se hacía realidad: el equipo jugó con once chavales (¡once!) de la casa, todos luchando como jabatos, desde Valdés (otro que cuajó un encuentro sensacional, deteniendo hasta un penalty a Barkero) hasta el mejor del mundo, Leo Messi. Línea por línea, puesto por puesto, once canteranos (¡once!) sintiendo ese escudo legendario. Otro motivo de orgullo, además del estilo implantado desde hace varias décadas en este club, irrenunciable cuando se gana y, sobre todo, cuando se pierde.

Hablando de penas máximas en contra, el líder lleva sólo una a favor y tres en contra. En cambio, el equipo de Mou, ese que cuando pierde se queja de todo menos de su planteamiento, lleva casi veinte meses sin ver cómo le tiran uno a Casillas. Por si fuera poco, su pichichi, si le quitamos los cinco que lleva desde los once metros (¡once!), no llegaría ni a la mitad de los de Messi. Debería mirar más las actuaciones arbitrales antes de hablar ese portugués que ayer sacó su recital de lloriqueos: afición, portavoz, jugadores, árbitro y calendario. Sólo le faltó el "dopaje", pero para eso demanda alguien que no le haga quedar como el "malo" de la película en su club.

Jornada histórica. Como sevillana, me enorgullece también que nuestro eterno rival se marche de mi tierra sin seis puntos: los que perdió en el Pizjuán y los de ayer. Hay un refrán por aquí que lo ilustra perfectamente: "Quien fue a Sevilla, perdió... La Liga".

lunes, 19 de noviembre de 2012

Viento en popa



Cuando el juego no acompaña, al menos la victoria es un consuelo. Esa debe ser la conclusión principal del compromiso liguero que el pasado sábado disputó el F.C. Barcelona ante el Real Zaragoza en el Camp Nou. Un encuentro en el que el colectivo no brilló, pero los tres puntos se quedaron en Barcelona, gracias al de siempre: Leo Messi. El argentino anotó dos de los tres tantos de su equipo y asistió a Song para que el camerunés se estrenara como goleador culé. Fue, sin duda, el hombre del partido.

A mí personalmente las semanas con compromisos internacionales me dan miedo. He de confesar que, si el Barça juega en casa, un poco menos; pero si ha de salir fuera, desde mi punto de vista, las posibilidades de traspiés se multiplican. De hecho, creo sinceramente que, de haberse disputado en La Romareda, igual no estaríamos hablando de una victoria del líder. Nuestros jugadores se recorren medio mundo para jugar partidos en condiciones que hacen peligrar seriamente su vuelta en perfectas condiciones (como en Panamá) y, además, el entrenador se pasa toda la semana bajo mínimos mientras el rival puede preparar tranquilamente el choque con todos sus efectivos. Es el precio que hay que pagar por tener a los mejores, es verdad, pero también lo es que, en algunos casos, son mucho más "comprensivos" con los jugadores de nuestros rivales.

Dicho esto, había buenas noticias de antemano: la recuperación de la defensa titular, con Piqué y Puyol. El capitán, por enésima vez, logró reducir los plazos en al menos quince días, y volvió para tratar de dar calma a la línea más débil del equipo en este inicio de temporada. Sin embargo, tampoco él pudo evitar que el primer disparo a puerta del Zaragoza (a la salida, cómo no, de un córner) se convirtiera en el 1-1 de Montañés (ex integrante de La Masía). Con la baja de Abidal y la salida de Keita, el Barça defiende mucho peor las jugadas de estrategia. Esperemos que Tito dé con la solución, porque en Liga la ventaja es buena, pero en Europa este tipo de errores se suelen pagar caros.

El equipo de Jiménez (que hace unas semanas dio un auténtico recital en el Bernabéu, a pesar de que también salió goleado de allí) no vino a encerrarse e incluso en la segunda mitad trató de disputar la posesión al todopoderoso Barça. Sin embargo, como dijo el técnico sevillano en rueda de prensa, ganaba quien tuviera a Messi. En condiciones de igualdad, Leo marca la diferencia. Cuando parecía que se iba a llegar con un resultado ajustado (2-1) a los minutos finales, el crack de Rosario se inventó un disparo desde fuera, pegado a la cepa del poste, inalcanzable para el guardameta maño. Le tiene la medida tomada al Zaragoza, ya que al conjunto aragonés le ha metido goles de muy bella factura.

Además de Messi, destacó el partido de Jordi Alba, cada vez más adaptado al estilo blaugrana, un auténtico puñal por la banda izquierda. Sus internadas y sus asociaciones con Messi fueron de lo mejor de la noche. Entre ambos fabricaron el 1-0 y alguna que otra ocasión peligrosa. Hay que añadir también la titularidad de Montoya, que sentó a Alves, probablemente por la tardanza del brasileño en el retorno de Brasil (aunque hay que reconocer que Dani no atraviesa por su mejor momento físico).

Así las cosas, nueva victoria y excelente inicio liguero de la aventura de Tito Vilanova al frente de este equipo. Sin tiempo para respirar, vuelve la Champions mañana mismo. Ante el Spartak de Emery, el Barça tiene la oportunidad de dejar sentenciado el pase a octavos a falta de una jornada. Allí se enfrentará a dos enemigos: los rusos y el general invierno.

3-1: Messi: http://vod.cope.es/audio/2012/11/17/audio_13531837085870878011.mp3

jueves, 8 de noviembre de 2012

La vergüenza



Decía Paco Jémez en la víspera del Rayo-Barça que a él le daría vergüenza plantear un partido como el del Celtic de Glasgow en Barcelona. Por lo visto ayer, a Neil Lennon no sólo no se la produjo, sino que preparó un calco del choque de hace quince días en la noche de ayer. Solo que esta vez, la moneda cayó de cara, porque los hombres de Tito fueron incapaces de derribar el muro defensivo que puso en liza el irlandés.

Y es que este todopoderoso Barça, el Barça de los catorce títulos en cuatro años, el Barça del triplete, del sextete, de las cinco copas, el equipo que mejor juega al fútbol del planeta, aún no ha aprendido a salir ileso de este tipo de partidos. Chelsea, Inter, Rubin Kazan, Celtic. Las derrotas ante rivales con oficio, que conocen sus armas y las explotan a la perfección (y con sorprendente rentabilidad) son demasiado frecuentes. El año pasado, en Londres, el Chelsea tiró una vez entre los tres palos: el gol de Drogba. Ayer, el conjunto escocés disparó tres veces: dos goles y una parada de Valdés.

Por el contrario, la delantera blaugrana no tuvo su día: Messi y Alexis estrellaron dos ocasiones en los postes. Y el portero local, Forster, también tuvo una destacada actuación, sacando varios balones decisivos cuando el resultado era aún corto (1-0). Lo que sucedió anoche lo hemos visto otras veces: el equipo estuvo demasiado atascado y se empecinó en entrar por el centro, mientras las ocasiones más peligrosas las generó Jordi Alba cuando tomaba la espalda por su banda. Por su parte, Alves siempre fue un extremo más, pero su función resultó engañosa: nunca desbordó ni buscó la línea de fondo, ni generó superioridad en su banda (cuando él subía, Pedro se iba al centro), ni siquiera encaró a su par en toda la noche. Preocupante estado de forma del brasileño, que debe espabilar ya.

Capítulo aparte merece la faceta defensiva. Sabiendo de sobras cómo se las gasta el Celtic a balón parado, no puede ser que en el primer córner rematen con semejante facilidad. No estoy criticando con ello a la zaga, sino al equipo entero, que no supo defender dicha jugada. El tanto les hizo creer en lo que hacían, y a medida que pasaban los minutos se crecieron, espoleados por una afición de sombrerazo. Con la lección aprendida del Camp Nou, no dejaron ninguna rendija por la que se pudiera colar la magia de Xavi (para mí, el mejor de la noche sin duda), Iniesta, Messi y compañía.

Evidentemente, se perdió por primera vez desde agosto. Evidentemente, es un varapalo. Evidentemente, se dejó pasar la oportunidad de dejar sentenciado el grupo y centrarse en Liga y Copa en exclusiva. Evidentemente, si había un momento en el que el Barça se podía permitir una derrota era este. Un tirón de orejas nunca viene mal a tiempo. A veces es preferible perder que empatar: las derrotas son más escandalosas que los empates. De hecho, la temporada pasada se empató en exceso y la suma de puntos, aunque no fuera de tres en tres, impidió que el equipo corrigiera los fallos que cometía, que hiciera propósito de enmienda.

El fracaso llegó, no obstante, sin renunciar al estilo. El Barça tuvo la posesión más larga de la historia (89%, 97% sólo en la segunda mitad). Es el otro fútbol, que, nos guste o no, a veces también gana (la Champions en las vitrinas del Chelsea es buena muestra de ello). Traducido a segundos, el Celtic tuvo, según la UEFA, cuarenta y siete segundos el balón en la segunda parte (quizás los que transcurrieron desde el saque del portero al segundo tanto, de Watt). Pero a Lennon, repito, no le dio vergüenza por ello.
En cambio, Messi, tantas veces el hombre del partido, tantos balones que colecciona en casa por materializar hat-tricks, celebró cabizbajo, sonrojado, su gol. El primero, paradójicamente en una derrota, que dedica a Thiago. Alguien como él, acostumbrado a las mieles del éxito, no pudo evitar anoche la debacle de su equipo. Conociéndolo como lo conocemos, seguro que desde ya tiene ganas de revancha.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Un Barça de récord



La del sábado tenía que ser la noche de Messi. El argentino estrenaba, exultante, Bota de Oro (que ofreció al Camp Nou en los prolegómenos del encuentro) y, lo que es más importante: su paternidad. Su anhelado primogénito, Thiago Messi, había venido al mundo en la tarde del viernes, sobre las 17:15 horas. Esta vez no resultó, como en otras tantas ocasiones, una falsa alarma: todo estaba tan programado que su novia, Antonella, había ingresado en esa misma mañana y la criatura nació a las pocas horas. Era el guion perfecto para que Leo lo cerrara con una actuación antológica, de esas que se recuerdan siempre.

Había tantas ganas en el ambiente que se consiguió el efecto contrario: Messi no sólo no marcó, sino que sucumbió a la ansiedad, se obcecó en determinadas ocasiones y hasta a punto estuvo al final de lesionarse. Al crack argentino le pudieron las ganas, e incluso falló en lo que suele destacar: la velocidad de definición. Javi Varas (otra vez Javi Varas) se interpuso una y otra vez en su camino hacia el gol: el guardameta sevillano no entró a ninguno de sus amagos, se mostró bien posicionado en sus dos intentos de vaselina y volvió a mostrar sus reflejos en sus lanzamientos a bocajarro.

Tuvo que ser un ex compañero del portero celtiña, Adriano, el que acabara con su imbatibilidad, gracias a un centro de Pedro. El brasileño, comodín donde los haya (creo que en su carrera habrá jugado de todo), se lesionó poco después, por lo que agrava los problemas de Tito Vilanova para configurar la defensa ante el Celtic de Glasgow el miércoles. Por fortuna, Piqué ha recibido ya el alta médica, pero la zaga sigue escasa de efectivos y el técnico culé se ve obligado, partido sí, partido también, a improvisar una diferente.

Es precisamente la falta de aclimatación de la defensa una de las claves de la cantidad de goles que viene encajando Víctor Valdés. Para que el Barça funcione con su engranaje habitual, cada pieza ha de realizar su función a la perfección. Sin embargo, la falta de continuidad en los hombres que actúan en la línea de atrás genera dudas, fallos de posición, que en ocasiones resultan letales. Así fue como llegó el tanto del empate del Celta, obra de Mario Bermejo, que culminó una contra perfecta del conjunto gallego.

Casi sin tiempo para respirar, David Villa, que volvía a salir de titular, aprovechó de nuevo sus minutos para anotar el segundo gol. El Guaje fue el auténtico protagonista del choque, un "invitado" inesperado a la fiesta de Messi, ya que generó la jugada del segundo con un taconazo a Iniesta (que acabó rematando él mismo) y propició, con otra asistencia de tacón, el tercero, de Jordi Alba, en claro fuera de juego. El 3-1 sentenciaba el encuentro y sitúa al Barça de Tito Vilanova como el equipo con el mejor arranque de la historia del club, con 28 puntos de 30 posibles. Un auténtico hito que pulveriza este equipo, que sigue sediento de títulos. Ostenta, además, el liderato en solitario, gracias a la derrota del Atleti en Valencia.

El miércoles, de conseguir la victoria, el Barça lograría el pase a octavos de final de la UEFA Champions League, lo que permitiría centrarse prácticamente en exclusiva en la competición liguera hasta febrero y dosificar a los hombres que más minutos están acaparando por las lesiones de sus compañeros, como Mascherano o Busquets. El conjunto escocés es peligroso en su estadio, pero los hombres de Vilanova han demostrado que son capaces de superar los obstáculos más difíciles.

domingo, 28 de octubre de 2012

Mano de Tito



El Barça de Tito Vilanova iguala el mejor inicio de la historia del club catalán, que hasta ahora ostentaba Louis Van Gaal. Y lo hace con una manita, uno de los resultados más repetidos en las últimas campañas por los jugadores culés. Lo ha conseguido, además, en un campo siempre complicado, por las dimensiones, por la presión del público, por el oficio que suelen tener los jugadores rayistas, que en esta temporada están practicando buen fútbol y divirtiendo a su siempre entregada afición.

Era difícil solventar la papeleta después de una semana de gran desgaste: el partido contra el Deportivo, jugando durante muchos minutos con diez hombres por la rigurosa expulsión de Mascherano y el polémico arbitraje de Velasco Carballo; el duelo contra el Celtic, saldado con una victoria in extremis, que obligó a un sobreesfuerzo físico y mental hasta el último suspiro; las bajas defensivas, con Mascherano sancionado, obligaban a una nueva defensa de circunstancias. De hecho, el técnico blaugrana se vio obligado a improvisar una nueva línea defensiva, con Montoya, Busquets, Adriano y Jordi Alba.

Sin embargo, cuando las circunstancias eran menos propicias, la plantilla volvió a responder y el equipo cuajó un excelente encuentro. No en vano, la debilidad atrás fue compensada con un alto nivel de concentración y presión por parte de todos. Además, se imprimió una velocidad de vértigo al esférico, ya que uno de los peligros del Rayo Vallecano es la presión que ejerce muy arriba para recuperar el balón. Villa y Pedro tiraron diagonales continuamente, lo que estiró el campo y facilitó los pases entre líneas.
Precisamente en uno de ellos llegó el primer tanto, obra del Guaje. El asturiano, que volvía a la titularidad para ir acumulando minutos y rodaje en su puesta a punto, se desmarcó por el centro y Cesc Fàbregas, que parece haber recuperado totalmente la confianza tras un inicio de campaña titubeante, le asistió para que, al primer toque, batiera al meta rival. Villa es ya el segundo goleador culé: anota un tanto cada 65 minutos. A pesar de su escasa presencia en el once, sus tantos dan puntos, como en Sevilla, o abren la lata, como ayer. Son, pues, decisivos.

Hubo que esperar hasta la segunda mitad para ver un auténtico festín de goles visitantes: Messi, asistido por Montoya (el chaval sigue demostrando que o Alves se pone las pilas o acabará sentándolo más pronto que tarde) lograba el segundo; Xavi, celebrando con su medio centenar de tantos con el Barça su merecidísimo Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, hacía el tercero; Fàbregas, que no sólo asiste, también marca, anotaba el cuarto; y nuevamente Leo, que se destaca como pichichi a un día de recibir la Bota de Oro de la campaña pasada, lograba el quinto y definitivo tanto, que lo sitúa a dos del récord de Pelé y a catorce del de Müller. No fueron los siete del pasado año, pero sin duda se trata de una victoria de mérito para continuar al frente de la clasificación y mantener la distancia con el eterno rival, que una semana más será de al menos ocho puntos.

Con la Champions más que encarrilada, la Copa del Rey comienza a cobrar protagonismo a partir de ahora. Los menos habituales tendrán ocasión de reivindicarse el próximo martes y ponérselo difícil a Tito para decidir el once titular en cada partido. Será la oportunidad de Dos Santos, Bartra, Sergi Roberto... y, mientras tanto, seguirán corriendo los días para ver si la enfermería se vacía.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Teatreros y asesinos



Tenía pensado escribir sobre el partido del pasado domingo, pero dado que estamos ya casi a jueves y prácticamente todo el mundo lo pudo ver considero más interesante expresar en voz alta algunas reflexiones que he ido acumulando estos días, a veces basadas en lo que se ha escrito-dicho-oído y, por supuesto, muchas otras de cosecha propia.

Lo primero, obviamente, es plantearse quién ganó. Un empate nunca es una victoria, por mucho que así nos lo vendan. Por algo la diferencia de las tablas con respecto a perder es menor que el premio que se lleva quien apuesta por ganar. Sin embargo, a los puntos, para mí hubo un claro vencedor, y no puede ser otro que el F.C. Barcelona. Por muchas razones: porque, a pesar de jugar en casa, lo hizo muy mermado en defensa (todavía más con la baja de Alves al poco de iniciarse el partido); porque no renunció a su estilo en ningún momento; y porque mantiene la diferencia de ocho puntos, que no es moco de pavo y que todos (absolutamente todos) los culés habríamos firmado tener con los ojos cerrados a principios de temporada a estas alturas.

Que no te engañen con milongas: este equipo se ha ganado tal respeto en todo el mundo y tanto miedo en la capital que celebran hasta los empates contra el Barça. Y lo hacen convencidos de que, como no encajaron cinco, hasta jugaron bien. Para mí, el planteamiento de Mourinho no distó mucho del de Emery con el Spartak o el de Anquela con el Granada. Es más: este último fue el que más cerca estuvo de llevarse la victoria, ya que aguantó el 0-0 hasta más bien entrada la segunda mitad y perdonó un mano a mano en el cuarenta. Al portugués, que sigue teniendo la manita grabada a fuego en su alma, le valió el reparto de puntos, como demuestra el hecho de que en los últimos diez minutos sacó a Di María del campo para dar entrada a Essien. El Barça, en cambio, jamás dio por bueno el empate, y acabó volcado buscando esa victoria que por juego y entrega merecía.


Es verdad que le costó entrar en el partido: la psicosis colectiva (a la que me uní, para qué negarlo) por la definitiva baja de Piqué generó dudas en el ambiente y en la propia defensa blaugrana, que era un flan cada vez que los blancos presionaban. Hasta Valdés intentó evitar reeditar errores pasados y ni siquiera sacaba la pelota jugada desde atrás. Sin embargo, hay que destacar que, lo que en principio era otro contratiempo (la baja de Alves) se convirtió en una de las claves del encuentro: Montoya volvió a sustituir al brasileño, como en el Bernabéu, y volvió a demostrar que está más que preparado para disputarle el puesto, sobre todo con el nivel que Dani viene exhibiendo en los últimos partidos. Si en la vuelta de la Supercopa fue Casillas el que le negó la gloria al canterano en la última jugada, en esta ocasión fue el palo el que repelió su trallazo casi al final. Hubiera sido el broche perfecto a un excelente encuentro, en el que defendió y atacó con constancia y sobriedad.

Otra falacia que nos han vendido: el buen ambiente del Clásico. ¿Es casualidad que cuando ellos no pierden no haya trifulcas? Porque patadas dan siempre. Como muestra, las que repartió Xabi Alonso con total impunidad durante todo el partido. Aún no sé cómo lo terminó... Bueno, sí lo sé: porque su entrenador ya había preparado el terreno dejándolas caer en la rueda de prensa previa. Si el ambiente no es tan caliente como en otros Clásicos es por la buena voluntad de jugadores como Casillas y Xavi, a pesar de que al primero su amistad con el de Terrassa le cuesta ser señalado como el "topo" o ahora hasta se discute su calidad, además de estar en el ojo del huracán de su entrenador por no adherirse a su manía persecutoria. Yo he escuchado a jugadores culés defender las intervenciones de Casillas y no he visto a Valdés salir diciendo que está triste. Que hagan los blancos lo mismo con Messi...

Precisamente uno de los abanderados de la causa de Mourinho, Pepe, se descolgó con unas declaraciones que ponen bastante de relieve que ese supuesto "buen rollo" es sólo entre el sector español de la plantilla merengue (Casillas, Ramos, Alonso y Arbeloa) y la mayoría de culés (porque aquí sí que son bastantes los jugadores de la selección): el resto de los blancos sigue mouriñizado. Que llamen teatrero a Alves, pase; pero que Pepe lo diga de alguien como Iniesta demuestra que, si no ha ido ya al psiquiátrico por el historial de entradas, pisotones, codazos y agresiones que atesora, debe ir pidiendo cita cuanto antes. Más aún porque es evidente que fue penalty (como diría Karanka, "las imágenes están ahí, ¿no?"). Pero, parafraseando al bueno de Andrés, todos sabemos cómo es el central portugués, cuyo grito de ánimo en el Bernabéu es "Pepe, mátalo". En alguna ocasión hasta lo he visto saludar a la hinchada, orgulloso de semejante cántico... Después se echa las manos a la cabeza cuando se le grita "asesino" en otros campos. Pues como él mismo ha dicho hoy: si le duele dicho calificativo es porque no es más que la pura verdad.


sábado, 6 de octubre de 2012

Victoria clara... Y cara



Hasta la fecha, el F.C. Barcelona no había sido capaz de ganar en el estadio del Benfica. En dos ocasiones había visitado al conjunto portugués y ni siquiera había logrado anotar ningún gol. Sin embargo, siempre que Benfica y Barça se han enfrentado, en la Liga de Campeones, el que ha ganado un partido se ha proclamado campeón de Europa: el Benfica lo fue en 1961, y el Barça en 1992 y 2006.

Tenía, pues, el equipo de Vilanova el reto de ser el primero en la historia culé en marcar en el Estadio Da Luz. Y eso que antes habían pasado por allí alineaciones de época, como el Dream-Team de Johan Cruyff o el maravilloso Barça de Frank Rijkaard, Ronaldinho, Deco, Eto'o y compañía. De aquel año (2006), sólo Valdés repetía como titular. Fíjense en lo que ha llovido desde entonces...

Si las estadísticas están para romperlas, seis minutos tardó el Barça en acabar con esa sequía goleadora en Da Luz. Caprichos del destino, tenía que ser Alexis Sánchez (que acumulaba también varios meses sin marcar), el encargado de hacerlo. Si en Sevilla fue Cesc el que acabó con su mala racha goleadora, en Lisboa el chileno pareció quitarse una pesada losa de encima. Para ser justos, el mérito del tanto estuvo más en la jugada por banda de Messi (que fue el autor de las dos asistencias de la noche) que en el remate de Alexis, pero para la posteridad siempre quedan los autores de los tantos. Y el "Niño Maravilla" se ganó un sitio en la historia culé al ser el primero en lograr batir a un portero del Benfica en su estadio. Ojalá sea una liberación para el delantero, que hace bien poco reconocía que no estaba para nada satisfecho con su arranque de temporada, pero al que se le ven ganas de revertir la situación.

A pesar de que el gol puso el partido de cara para los de Vilanova, hubo un tramo del encuentro en la primera mitad  en el que los portugueses apretaron, pero se encontraron con un providencial Víctor Valdés. Tras el descanso, en cambio, el Barça impuso su fútbol-control y sentenció el partido cuando quiso. Otra vez Cesc, aprovechando otra asistencia de Leo (cuatro en los dos últimos encuentros) puso la tranquilidad en el marcador y dejó encarrilada la clasificación de la Champions, puesto que, a priori, los de Jorge Jesús son el rival más potente del grupo.

La clara victoria tuvo un momento difícil de olvidar: nuestro gran capitán, Carles Puyol, que reaparecía tras la lesión sufrida en Getafe (acortando en varias semanas el pronóstico inicial) subió a rematar un córner en el minuto 79 y, tras una mala caída, sufrió una dolorosísima luxación de codo que lo volverá a tener en el dique seco durante dos meses. No está teniendo suerte el de La Pobla con las lesiones: se pasó el verano poniéndose a punto de la rodilla (recordemos que se perdió la Eurocopa), se rompió en pómulo en Pamplona, se dañó los ligamentos de la rodilla en Getafe y la luxación de codo. Son los "daños colaterales" de ser Puyol: sólo alguien como él es capaz de volar con 0-2 en el minuto 79 para tratar de conseguir el tercero. Ya lo dice el mismísimo Franco Baresi: "Puyol pone la cara donde a cualquier otro le daría miedo poner el pie".

En estas, mañana Clásico. Ocho puntos de diferencia, notables bajas en defensa para el Barça, pero ante su público, para mí, debe ser favorito. ¿Song-Mascherano por el centro? ¿Defensa de tres? ¿Cesc o Alexis? ¿Villa titular? En unas horas saldremos de dudas.



lunes, 1 de octubre de 2012

Remontada en Cesc-Villa




Tuve la suerte de asistir el pasado sábado por la noche al Ramón Sánchez Pizjuán. Allí pude disfrutar de un gran encuentro de fútbol, con cinco goles, polémica, alternativas en el juego, emoción y un final inesperado, ya que el Barça, que perdía 2-1 en el minuto 88, logró los tres puntos vitales, que le permiten conseguir su objetivo de llegar al próximo domingo con al menos ocho puntos de diferencia sobre el eterno rival.

En Sevilla asistí, sin duda, a la mejor primera media hora del Barça de Tito. El técnico, que recordó que en la capital andaluza había pasado los quince peores minutos desde que está en el primer equipo (en la temporada 2009/2010), concienció a sus jugadores de la importancia del choque y ello se notó desde el primer minuto: volvieron la presión, la solidaridad y el toque, los movimientos entre líneas... Lo único que faltó fue el desborde, ya que los azulgrana se empeñaron en crear peligro por la banda de Alexis (muy desdibujado, otra vez, toda la noche), en lugar de por la de Pedro, que en la mayoría de las ocasiones se desesperaba en la izquierda.

A pesar de la superioridad inicial, el conjunto de Vilanova vio cómo los sevillistas se adelantaban en el marcador por medio Trochowski. Especializado en goles a los equipos grandes (fue el autor del tanto ante Mou y los suyos), el medio alemán aprovechó un balón muerto tras un despeje errado de Mascherano para fusilar a Valdés. Un gol que sentó como un jarro de agua fría en las filas azulgranas y que, por el contrario, espoleó a los locales, que cada vez que creaban una contra a través de Navas o Negredo ponían en grandes dificultades a la improvisada defensa culé (Alves-Song-Mascherano-Jordi Alba).

Para colmo de males, nada más iniciarse la segunda mitad, una de tales contras propiciada por un pase marrado por Busquets en el centro del campo dejó vendida a la zaga blaugrana, por lo que Negredo aprovechó para poner tierra de por medio en el marcador. A partir de ahí comenzaron las prisas: el Barça se empecinaba en entrar por el centro, línea que el Sevilla cerraba a la perfección. Sin embargo, en una buena jugada precisamente por el centro Cesc se encontró un balón suelto y ajustó el tiro a la derecha de Palop, cuya estirada no sirvió para nada. 2-1 y partido nuevo.

Fue entonces cuando Mateu Lahoz decidió convertirse en el protagonista del choque. La jugada que más incendió el Pizjuán fue la expulsión de Gary Medel. El chileno, de sangre caliente, tuvo un rifi-rafe con Cesc y, frente a frente con él, amagó con darle un cabezazo, que el catalán exageró. Pillería de Cesc para unos, niñería de Medel para otros, el caso es que el árbitro interpretó la jugada como agresión y el sevillista acabó en la ducha antes de tiempo. Fue, sin duda, una de las claves del encuentro, ya que el mediocentro sevillista es un pilar en el esquema de Míchel, toda vez que es un auténtico pulmón que tanto roba como sube el balón, dispara desde fuera o ayuda en defensa. Además, la inferioridad numérica provocó que Tito se lanzara definitivamente al ataque y asumiera más riesgos con la defensa de tres. Se jugó el todo por el todo con los cambios del banquillo: Thiago, Tello y Villa.

Y, nuevamente, acertó de pleno. El centrocampista hispano-brasileño comenzó la jugada del empate, obra nuevamente de Cesc (bigoleador y protagonista de la jugada clave de la noche), mientras que el extremo y el delantero participaron en el 2-3 sobre la bocina. Una remontada que desató la euforia en el banquillo culé, que veía cómo se conseguían tres puntos que se habían complicado notablemente. El empuje final había, pues, merecido la pena.

Es la tercera remontada del año para el Barça de Tito, que juega excesivamente con fuego (Pamplona, Spartak y Sevilla), pero que demuestra un espíritu de sacrificio notable cuando va por detrás en el marcador. A falta de juego, al menos la actitud que no se pueda reprochar nunca. Y la del sábado fue inmejorable. El Benfica, el rival más complicado del grupo, volverá a medir la capacidad de resistencia de este equipo mañana. Una victoria dejaría más que encarrilado el grupo.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Pleno y dudas



Vuelve a ser un poco tarde para analizar el partido del pasado fin de semana, pero más vale ahora que nunca. Si mis conclusiones se retrasan es por temas personales: me está costando encontrar los momentos adecuados para sentarme y reflexionar sobre hasta dónde nos lleva el Barça de Tito. No voy a mentir: la voluntad por el estilo se mantiene, pero el equipo pasa por fases espesas en las que no engancha. En ocasiones se salva por arrebatos (Pamplona) o por suerte, como el pasado fin de semana ante el Granada. Parecía 0-0, pudo ser 0-1 y acabó 2-0. En unos locos minutos finales, el acierto de Xavi decantó un partido que se había puesto complicado para conseguir el pleno que nos mantiene en lo alto de la clasificación.

El Barça tiró el primer tiempo. Se obcecó en penetrar por el centro y al Granada le bastó con poblar esa zona de la defensa. Cesc y Thiago se estorbaron, al igual que Messi y Villa, cuyo rifi-rafe ha sido protagonista en una prensa ávida de conflictos para desmontar el buen rollo del vestuario culé. Ojalá sea toda la temporada así, porque será señal de que no hay nada más importante de lo que hablar.
Faltó velocidad de balón, circulación, intensidad y presión. Si a ello se añade que Tito ordenó cambio de sistema para ganar (3-4-3), los espacios que quedaron atrás provocaban que la defensa viviera en el constante filo de la navaja. Por si fuera poco, se sumó una nueva baja para esta línea, la más castigada de lo que llevamos de campaña: Adriano acabó con molestias y es baja para mañana. Afortunadamente, parece que Jordi Alba ya estará disponible.

Me sigue costando entender la falta de confianza en Marc Bartra. Para la Champions, Tito se escudó en que no era necesario exponerlo. Ante el Granada se antojaba una gran ocasión para el central, en casa y ante un rival teóricamente asequible. Sin embargo, el elegido volvió a ser Alex Song, a quien, si bien no le es extraña la situación, sí que se le notan carencias a la hora de hacer las coberturas, máxime si la defensa está tan despoblada como al final del partido. Me parece arriesgado tener que jugártela, quizás, para mañana o ante el máximo rival con un chaval al que no le has dado la confianza desde el principio. Pero bueno, Tito es el que manda y, si no lo pone, será porque considera que hay alguien en mejores condiciones para ayudar al equipo.

Lo que es evidente es que el técnico sabe ver los cambios. Sacó a Xavi y fue el que resolvió el partido, como en ocasiones anteriores lo hicieron Tello, Messi... Esperemos que, como nosotros, vea las carencias del equipo y las solucione cuanto antes. Hacer pleno está genial, nadie le va a discutir los datos. Pero el día que la pelotita no entre volverán las dudas: las que genera el mal juego desplegado hasta la fecha, junto con la falta de intensidad en momentos puntuales. El Pizjuán será una buena prueba para medir la capacidad de mejora del equipo. En unas horas sabremos qué ocurre.


sábado, 22 de septiembre de 2012

Sin defensa



Primera jornada de la UEFA Champions League y primer triunfo del F.C. Barcelona. Es la mejor conclusión, lo más positivo que puede sacarse del partido del pasado miércoles. El equipo de Vilanova supo sufrir, apretar los dientes y empujar para remontar un encuentro que se le puso muy cuesta arriba cuando el Spartak de Moscú se adelantó en el marcador en el minuto 60 aproximadamente.

No lo pusieron fácil los de Emery, muy disciplinados tácticamente y ordenados en la presión. Como siempre que el técnico donostiarra pasa por el Camp Nou, sus equipos siempre ponen en apuros el juego culé, aunque hasta ahora nunca ha sacado nada positivo de la ciudad condal. Estuvo cerca, muy cerca, de conseguirlo el miércoles, pero cuando todo parecía perdido Tello se sacó de la chistera una gran jugada por la banda y su pase de la muerte sirvió para que Leo Messi consiguiera el empate que descompuso la defensa rusa.

El canterano se está convirtiendo en este inicio de temporada en uno de los más habituales de las alineaciones de Tito. Y devolvió la confianza con un tanto, el que abrió la cuenta en la primera mitad, y la jugada decisiva del segundo. Hasta el momento, el técnico parece dar con la tecla en el momento exacto. Las apuestas y los cambios suelen surtir el efecto deseado: si en Pamplona también se remontó un encuentro complicado gracias a los cambios y en el Coliseum se consiguieron los tres puntos dosificando a una parte de los titulares, el pasado miércoles fue Alexis, otro de los hombres de refresco introducidos, quien sirvió el pase medido a la cabeza de Messi, quien entre los dos centrales consiguió el definitivo 3-2. El argentino consiguió, por lo tanto, otro doblete, por lo que vuelve a comenzar su "asalto" al pichichi europeo en inmejorables condiciones.

Lo peor, sin duda, fue la debilidad defensiva mostrada, agravada por la ausencia de Piqué, lesionado para las próximas semanas en los primeros minutos del partido. Todo un contratiempo que, unido a la baja de Puyol, deja sin los centrales puros titulares a Vilanova, que improvisó una defensa con dos medios: Song y Mascherano. Sin embargo, el camerunés no parece desenvolverse con la soltura que el argentino, por lo que es más que probable que haya llegado el momento de apostar por una de las perlas de La Masía: Marc Bartra. El canterano ya exhibió un excelente rendimiento en los partidos de la pretemporada en los que Tito decidió su concurso. Habrá que ver si, además de sus condiciones técnicas y tácticas, está preparado para soportar la presión del primer equipo del F.C. Barcelona.

En unas horas, el Granada visita el Camp Nou para poner a prueba la solvencia del líder. El año pasado, el conjunto andaluz puso en apuros al Barça, tanto en Granada como en Barcelona. Sin embargo, Leo Messi guarda un gran recuerdo de ese partido en el Estadi, ya que allí superó a César como máximo goleador del Barça. Seguro que el argentino quiere seguir batiendo récords vestido de azulgrana.



lunes, 17 de septiembre de 2012

Se-Villa-rato



Tras dos larguísimas semanas sin fútbol, en las que por unos motivos u otros jamás encontré la tranquilidad necesaria para escribir sobre la victoria ante el Valencia (de la que tampoco podía sacar mucho jugo, la verdad, ya que fue tan decepcionante como la de Pamplona en cuanto a juego), lo cierto es que temía que llegara esta jornada. Y es que tras los compromisos internacionales, al Barça siempre le cuesta carburar. No en vano, la mayoría de los tropiezos del mejor Barça de todos los tiempos, el de los últimos cuatro años, se han producido en parte provocados por esa enfermedad que denominamos "virus FIFA".

Y el panorama, con las bajas de Jordi Alba, Iniesta y Alexis Sánchez, no era nada alentador. Para colmo, se trataba de visitar un rival incómodo donde los haya: el Getafe. Un equipo-termómetro: cada año, los madrileños miden nuestro nivel de competitividad. Me explico: siempre que el Barça ha conseguido la victoria en el Coliseum desde que los azulones están en la élite ha logrado, a la postre, cantar el alirón. No es casualidad: cada temporada Ángel Torres se las ingenia para mantener un bloque compacto, a pesar de que suele sufrir numerosas altas y bajas, no exento de calidad individual. Por ello, si los rivales no ponen todos sus sentidos, no es de extrañar que sucumban en Getafe.

Por todo esto valoro especialmente el resultado del pasado sábado: por las circunstancias y por el rival. Y, por qué no, por el juego. A pesar del pleno de puntos, el equipo no lograba encontrarse futbolísticamente a sí mismo. Había dispuesto de la dosis de suerte necesaria para levantar el resultado en Pamplona y para mantenerlo ante el Valencia, pero el juego desplegado había despertado las primeras dudas. Sin embargo, Vilanova demostró sus dotes de mando con un golpe de timón que ha supuesto aire fresco en la plantilla: la titularidad de Montoya, que cada vez demuestra ser menos suplente; la vuelta de Thiago, claridad de ideas en el centro y magia necesaria para desatascar partidos; la consolidación de Adriano en el lateral (y sorprendentemente como goleador en los últimos encuentros); y la posición de Cesc, que como falso nueve se siente más cómodo que en el interior zurdo.

Obviamente, la táctica de desgastar al rival para luego dar entrada a la artillería pesada funcionó a las mil maravillas. Se consiguió el 0-1 en una fantástica jugada de Cesc que Adriano culminó con fe y, en el segundo tiempo, Tito supo ver que era el momento de dar entrada a Messi para finiquitar el partido. El argentino provocó un claro penalty no señalado de Miguel Torres, pero anotaría poco después el 0-2 al materializar otra pena máxima que sí pitó Teixeira, cometida sobre Pedro. Posteriormente, empujó a la red un centro de Montoya, siempre generoso en el despliegue defensivo y ofensivo.
Sin embargo, desde mi punto de vista, junto con la victoria, la mejor noticia es la recuperación de David Villa. Ante la irregularidad de Alexis, el Guaje se antoja fundamental para incrementar las cifras goleadoras del equipo. No en vano, la pasada campaña se echaron en falta en exceso los 20-25 tantos que promedia el asturiano. Ya había declarado estar en plenitud de condiciones. Y lo demuestra sobre el campo con las sensaciones que transmite.

Para redondear el sábado de buenas noticias, nuestro eterno rival cayó en mi tierra. Un auténtico "sevillarato" que nos deja a ocho puntos de los de Mou en apenas cuatro jornadas. Y lo que es mejor para nuestros intereses: parecen sumidos en una crisis de identidad de la que hay que tratar de sacar tajada. La historia demuestra que nunca hay que darlos por muertos. Si somos capaces de seguir sumando de tres en tres, puede que se llegue al enfrentamiento directo con ellos como mínimo con la distancia actual, lo que nos permitiría afrontarlo con toda la tranquilidad necesaria. Para ello, es fundamental sacar los próximos dos compromisos ligueros: Granada y Sevilla. No va a ser fácil, con la Champions de por medio. Pero si de algo es capaz esta plantilla es de conseguir los retos propuestos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Levántala tú, que yo no la quiero



Tres días después me decido a analizar lo sucedido en la vuelta de la Supercopa española. Tres días en los que me ha dado tiempo a masticar el cabreo inicial, a dejar distancia para valorar lo que el miércoles por la noche sentí, que no fue otra cosa que una impotencia tremenda al ver la primera media hora del Barça, absolutamente irreconocible sobre el terreno de juego.

Vaya por delante que, en mi caso, no se trata de ganar o perder. Obviamente, preferiría que mi equipo ganara siempre y levantara todo lo que hubiera en juego. Así ha sido en los últimos años y lo idílico de la situación nos hace ser exigentes con los jugadores que nos han llevado al éxtasis competición tras competición. Por supuesto que pueden perder. Es más, me atrevería a afirmar que sería lo normal: lo anormal, lo extraordinario, ha sido lo conseguido hasta ahora. Lo que ocurre es que hay una gran diferencia entre perder con el orgullo que se sacó en el segundo tiempo, que tuvo enmudecido al Bernabéu hasta el minuto 93, y el desastre colectivo que supuso la primera media hora, en la que se tiró por la borda el fantástico trabajo de la ida en apenas diez minutos.

Sí, han leído bien: se trató de un desastre colectivo. Aunque fallaron dos jugadores en concreto (Mascherano en el despeje y Piqué confiándose demasiado), los errores los considero fruto de la dejadez de todo el equipo, desde el primero hasta el último. Durante esos fatídicos treinta minutos, la delantera apenas presionó (en nuestro sistema, para que se consiga el perfecto engrasado de sus piezas, los delanteros son fundamentales en defensa y los defensas son básicos para iniciar los ataques), el centro del campo se empecinó en batallar individualmente, con regates absurdos, pases sin sentido, absolutamente previsibles, y demasiado estáticos en el juego sin balón. En estas circunstancias, la defensa se encontró vendida no una vez: una tras otra. Lo que ocurre es que, unas veces Valdés, otras la mala puntería de la delantera blanca y en otras la rectificación de los centrales malograron las numerosas ocasiones creadas.

Para alguien supersticiosa como yo, cuando algo empieza mal sólo puede empeorar. Así lo pensé cuando vi en el once titular a Jordi Alba y a Adriano. No deja de ser un contratiempo que Alves note molestias en el calentamiento, que tengas que incluir a otro jugador en frío y que te veas obligado a llamar de la grada a un descartado. Para colmo, el propio Adriano fue justamente expulsado y Tito tuvo que dar entrada a Montoya, que de estar cómodamente sentado en la tribuna pasó a lidiar con CR. Caprichos del destino, el descartado lo hizo mejor que el suplente, ya que la entrada del canterano serenó la defensa, que hasta entonces había tenido muchos problemas por esa banda.

Además de la empanada total del principio, hubo varios detalles del partido que no me gustaron en absoluto. Por ejemplo, un delantero como Alexis Sánchez no puede preferir tirarse al sentir el mínimo contacto a definir en el área cuando estaba en perfectas condiciones de hacerlo. Otro aspecto negativo es la escasa participación que está teniendo Leo Messi en el juego del equipo. Me tacharán de loca porque el argentino, que acortó distancias con un magistral lanzamiento de falta, ha iniciado la temporada arrollando las porterías rivales... Marca goles, sí, pero su participación en las tareas defensivas y en el juego colectivo sin balón está dejando mucho que desear. No sé si es falta de preparación física a estas alturas de temporada, si es porque Vilanova le exime de defender o si no se siente cómodo en el campo por algún motivo, pero el caso es que participa mucho menos en las triangulaciones y pide el balón al pie. Su juego es demasiado previsible y, cada vez que interviene, o tiene que sortear diez rivales o se le anticipan con facilidad.

Por el contrario, a pesar de la derrota (no nos engañemos: esta Supercopa no vale ni más ni menos que las tres anteriores que ganó este equipo; se le da importancia y relevancia porque es ante el eterno rival), hay varios aspectos para la esperanza. En primer lugar, el papel de Montoya: el chaval cumplió a la perfección, incluso tuvo la oportunidad de marcar al final, pero su disparo fue demasiado inocente. En segundo lugar, la reacción desde el banquillo: Vilanova es un tipo con personalidad al que no le tiembla el pulso a la hora sentar al que no está bien (Cesc ni calentó) y dar la oportunidad a quien él cree que se lo merece (caso de Tello). La mano del técnico se notó en los cambios y en no renunciar al estilo pese a jugar con uno menos (aunque yo hubiera sacado a Villa, por experiencia y por el pánico que hubiera cundido en la grada ante el Guaje). Por último, por fin parece que tenemos sustituto de garantías para Busquets: debutó Song y lo hizo sin amilanarse, dando velocidad al balón y jugando al primer toque.

En definitiva: primera derrota y primer título que se esfuma. Lo peor es que se dejó pasar la oportunidad de dar una estocada mortal al eterno rival, a cinco puntos en la Liga y sumido en la primera crisis de la temporada. Lo mejor es que en el fútbol siempre hay revancha y, a buen seguro, nuestros caminos se volverán a cruzar. De los jugadores depende aprender de los errores y mejorar. Esto es sólo el principio.