REPÓKER DE CAMPEÓN

REPÓKER DE CAMPEÓN
CAMPEÓN DEL MUNDO (18-12-2011)

miércoles, 29 de agosto de 2012

Messi vale por cinco



Puede que deambule por el campo, que llegue tarde a la presión, que desaparezca por momentos de los partidos. Puede que su participación a nivel de creación sea menor porque juega más arriba, puede que no le salga un regate, puede que falle algún gol cantado. Pero entonces, cuando menos lo esperas, aparece para solucionar, él solito, un embrollo y desatascar a su equipo, que no encontraba el norte en Pamplona. Cinco minutos, sólo cinco, le bastan a Leo Messi para dar la vuelta a un marcador que se había puesto muy cuesta arriba y que apuntada a un descalabro similar al del año pasado.

Efectivamente, no descubro nada a nadie si afirmo que el partido del pasado domingo ante Osasuna fue de lo peor que le hemos visto al Barça de Tito. Es cierto que las circunstancias "invitaban" a ello: el encuentro estaba en mal sitio en el calendario, entre dos Clásicos, después de una exhibición ante el eterno rival, pero con un resultado corto que hay que ir a defender al Bernabéu. Siempre es complicado acudir al Reyno de Navarra. Siempre. Sea porque nieva (el año pasado nos quedamos "congelados"); sea porque es un terreno de juego pequeño, con la afición muy encima; sea porque nos encontramos al principio de la temporada; o sea porque hay que ir dosificando a la plantilla, porque esto es sólo el comienzo, se trata de un difícil compromiso en el que puedes perder mucho más de lo que ganas.

Sin embargo, en esta ocasión, el botín ha sido doble: el Barça ha sumado sus tres puntitos y su eterno rival cayó en el campo del Getafe, por lo que la ventaja ante ellos se incrementa en cinco puntos. Obviamente, no hay que lanzar las campanas al vuelo: se llevan disputadas sólo dos jornadas. Pero a nadie se le escapa que ni el más optimista hubiera pensado que el conjunto culé obtendría esta renta tan pronto. Si tenemos en cuenta los escasos tropiezos que se han permitido los equipos que han resultado campeones en los últimos años, incluso me atrevería a afirmar que la situación es idílica. Aunque queda un mundo, todo es más fácil si se gana, si la pelotita entra.

Los goles de Messi sirvieron, pues, para tapar las "vergüenzas" que el Osasuna de Mendilíbar puso al descubierto: sin concentración, sin pressing y sin ganas, el todopoderoso Barça se queda en un equipo vulgar que puede perder ante cualquier rival. También quedó patente que, pese a que hay que dosificar a determinados componentes de la plantilla, Xavi es, hoy por hoy, absolutamente indispensable en el esquema táctico del equipo. Es esa brújula que encuentra el camino, el que asienta el juego, el que lo dirige magistralmente. Su entrada en el segundo tiempo supuso el principio del fin del dominio rojillo. Y no fue casualidad.

Me preocupa ciertamente el bajo nivel en el que los dos fichajes del año pasado  se encuentran: Alexis y Cesc, Cesc y Alexis están en una alarmante baja forma. En el caso del chileno, creo que no juega en su sitio y no se siente cómodo: para mí, el centro es su hábitat natural y no la banda. A pesar de su baja estatura, el Niño Maravilla sabe fajarse en el cuerpo a cuerpo con los centrales y desde ahí abrir hueco a sus compañeros. Por contra, en el caso del catalán, ni siquiera con la libertad de movimientos que tanto echaba de menos el año pasado (así lo afirmó el propio Fàbregas) consigue mejorar sus prestaciones para el equipo. Es verdad, repito, que estamos al comienzo. Pero no es menos cierto que en un club como el Barça, si no espabilas, juega otro. Así de sencillo.

Para terminar, dos asuntos espinosos: Valdés y el arbitraje. Se había discutido la titularidad de Víctor por su fallo ante Di María y la pantera de L'Hospitalet tardó dos minutos en enmendar su cantada del jueves: justo cuando sacó a bocajarro la primera ocasión del Osasuna. No sería la única intervención de mérito: si el Barça se llevó la victoria fue en gran medida por su actuación, que sostuvo al equipo con 1-0, pese a que podría haber habido más distancia en el marcador.

En lo referente al arbitraje, es verdad que el tanto del empate culé comienza con un fuera de juego de Alexis. También lo es que justo antes del gol local se señaló uno inexistente a Leo Messi cuando ya encaraba solo al portero rojillo. Por lo demás, fue demasiado riguroso en algunas acciones y permisivo con otras. Muñiz Fernández, que no dejó satisfecho a ninguno de los dos equipos, se llevará el "honor" de ser el primero en expulsar a Vilanova del banquillo.


viernes, 24 de agosto de 2012

Hegemonía y exquisitez futbolística



Primer Clásico de la temporada y primera victoria del Barça de Tito Vilanova. Con el patrón de la casa, con buen juego y espectáculo, sin renunciar al estilo y a la filosofía implantada desde hace más de dos décadas. Decía Mou en la previa que no ha habido hegemonía culé en estos años porque el F.C. Barcelona no había encadenado dos títulos de UEFA Champions League consecutivos. Un concepto un tanto extraño de hegemonía del técnico portugués. Si un equipo que ha ganado 14/19 títulos en cuatro años no ostenta el dominio del fútbol mundial, no se puede comprender por qué a él, que ha ganado unos cuantos menos, hay que denominarlo "el único".

Como suele suceder en estos casos, la mejor respuesta es la que se da en el campo, en el terreno de juego. Cuando el balón echa a rodar, no hay nada más noble que el pase, el juego de posición, la movilidad, la presión, la entrega, la defensa de aquello en lo que siempre has creído. A base de fútbol, paciencia y buen hacer, los pupilos de Vilanova acorralaron en su campo a su eterno rival, que se las veía y se las deseaba para llegar a las inmediaciones de Valdés. Cuando Ozil o CR cazaban algún balón, tenían que sortear muchos metros de campo y numerosas líneas de presión de los centrocampistas y la defensa culés.
Busquets, siempre bien colocado, sostuvo él solo la medular blaugrana. Xavi dio su enésimo recital como director de orquesta. E Iniesta... destapó el tarro de las esencias con sus regates y su privilegiada visión de juego. Piqué fue el Piqué de siempre, el que nunca debió dejarse ir. El único lunar fue la escasa participación de Leo Messi, al que le costó zafarse de la maraña tejida por Mou a su alrededor: continuas ayudas y anticipaciones y, si ello era insuficiente, faltas. Tampoco Alexis tuvo su día: aislado en la banda, no logró dejar atrás a Coentrao, que vivió tranquilo hasta que Pedro cambió su posición con el chileno en la segunda mitad.

Precisamente el canario conseguiría el empate en una jugada a la espalda de la defensa blanca, aprovechando una genial asistencia de Macherano. Previamente, CR había aprovechado un fallo en la marca de Busquets a la salida de un córner para adelantar a los suyos. Se atrevió a volver a mandar a callar al respetable, pero la respuesta inmediata del Barça le bajó los humos rápidamente. Como también lo hicieron el clamoroso penalty de Ramos sobre Iniesta, que ejecutó Messi para acabar con su sequía ante el eterno rival (se había estancado en trece tantos). Y Xavi, poco después, culminaría una excelente jugada personal de Iniesta para poner tierra de por medio en una noche que se prometía mágica para el barcelonismo.
Sin embargo, en apenas veinte segundos la historia cambió radicalmente: Messi erró una clara ocasión de gol ante Casillas y, acto seguido, se produjo el fallo de Valdés ante Di María. Del 4-1 al 3-2. Es la parte negativa de querer jugar siempre, el peaje que se paga por esa exquisitez futbolística que se exige en La Masía. No es la primera vez y probablemente tampoco será la última. Será señal de que Víctor sigue siendo fiel a sus principios.

Una última cuestión antes de finalizar el análisis: se ha resaltado desde todos los medios que ha sido el Clásico de la concordia. Efectivamente, ha tenido menos tensión que otros. Pero ello no quiere decir que haya sido totalmente limpio. Raúl Albiol tuvo que ser expulsado: se fue de rositas a pesar de repartir de lo lindo. Clos fue demasiado permisivo y, aunque Mou (que no iba a hablar de los árbitros, pero sí de los linieres) resalte el posible fuera de juego de Pedro en el empate (que para mí no es tal), erró en un claro penalty de Arbeloa sobre Alexis Sánchez con 0-0 en el marcador (ver en la imagen). Si el aragonés dejó jugar, no quiero ni pensar lo que será la vuelta con Mateu y, previsiblemente, Pepe en el campo...


El resultado no es un el mejor para encarar la vuelta, pero no hay que olvidar que se llega con ventaja al Bernabéu. Estoy segura de que allí se saldrá a ganar: en el Barça no se especula, no se sabe hacer otra cosa. Hay que tener en cuenta dos claves: que a ellos ya no les vale el empate... y que en su campo probablemente el público no les permita el estilo conservador que han exhibido hasta ahora siempre en el Camp Nou. Si se juega con cabeza, se tendrá mucho ganado.

3-2: Di María (no se encuentra el audio en Tiempo de Juego)

jueves, 23 de agosto de 2012

Imposible sin ti



5-1. El F.C. Barcelona de Tito Vilanova se estrenó en Liga con una manita. Y con toda una exhibición de buen juego, hambre, presión y puntería. Con un Messi estelar, escudado en los flancos del ataque por Pedro (el Pedro de la temporada 2010/2011, el Pedro de siempre) y un sorprendente Cristian Tello, el as bajo la manga del técnico blaugrana para dar descanso a titulares importantes que disputaron minutos con sus selecciones, como Alexis Sánchez. El canterano no desaprovechó su oportunidad y realizó su partido más completo como culé, con continuo desborde por banda y dando dos asistencias de gol.

Aún resonaban en el Estadi los acordes de este primer himno de la temporada oficial cuando Puyol, el gran capitán, se encargó de inaugurar el marcador del año. Una jugada de estrategia de su sociedad con Xavi, la misma que ya ha ofrecido sus frutos en el Bernabéu por dos veces y en el Mundial de Sudáfrica. Córner botado por el de Terrassa y testarazo inapelable de Carles. Se ha pasado todo el verano sacrificándose por volver en forma. Si alguien merecía ser el primer goleador del Barça 2012/2013 era él.

Sin embargo, al igual que el Barça aprovechaba un despiste de la Real, los de Anoeta no dejaron pasar la oportunidad de empatar apenas minutos después. "Empanada" defensiva blaugrana y Chori Castro lograba adelantarse a los centrales para rematar una asistencia de Illarmendi.

Como se suele decir, la alegría dura poco en la casa del pobre. Messi se echó al equipo a la espalda y en poco tiempo consiguió su primer doblete liguero con dos preciosos tantos. El argentino, que este año ha podido descansar adecuadamente durante el periodo estival, ha comenzado la temporada como terminó la anterior: marcando goles. Se le nota fresco y con ganas de llevar a su equipo de nuevo a lo más alto.

Pedro se sumó a la fiesta con el cuarto, pero el quinto y último de la noche tendría un protagonista muy especial: el del Guaje, David Villa, que saltó al campo cuando faltaba aproximadamente media hora para el final. Se trataba de sus primeros minutos en partido oficial desde diciembre. Ocho meses de calvario que deja atrás gracias, como rezaba en su camiseta (¡¡¡Imposible sin vosotras!!!), al apoyo de los suyos, especialmente de su mujer y sus hijas. El asturiano vería la amarilla por quitarse la camiseta en la celebración y enseñar un mensaje para ellas. Seguro que es la amonestación más dulce que ha recibido en su vida. Lo que es evidente es que, a pesar de haber sido muy cuestionado, Villa es fundamental en este equipo. El Barça se resintió de su baja y, sobre todo, notó la ausencia de sus goles. El Guaje ha vuelto para quedarse. Sin él es imposible lograr los objetivos de esta temporada.

Los tres primeros puntos se quedaron en casa. Era importante para el proyecto de Vilanova empezar bien. Y vaya si lo ha conseguido: continuidad en el juego y buen resultado, unido al empate en casa del máximo rival ante el Valencia. El balón ya ha empezado a rodar. La temporada se presenta apasionante. Todo un reto para el equipo y la afición.

sábado, 18 de agosto de 2012

Hasta siempre



Me ha costado sentarme a escribir este post porque nunca me han gustado las despedidas. Todavía hoy, tres meses después, me cuesta hacerme a la idea de que Pep Guardiola no se sentará mañana en nuestro banquillo. He apurado hasta el último día, quizás porque no encontraba las palabras necesarias para decir "hasta luego" (estoy convencida de que es así) a quien nos ha regalado los mejores años de nuestra vida deportiva, la felicidad más intensa jamás vivida sobre un terreno de juego. Alguien que me ha permitido escribir cada semana las páginas más gloriosas de este espacio. Alguien que fue líder y ejemplo como jugador y que se ha convertido en leyenda como entrenador. Pero no podía empezar mañana a analizar la nueva etapa de nuestro Barça sin rendirle homenaje y pleitesía a quien tuvo, tiene y tendrá siempre un hueco privilegiado en nuestros corazones culés.

Pocos imaginábamos que esta historia, que comenzó con una estrepitosa derrota en Los Pajaritos ante el Numancia, acabaría el 25 de mayo de 2012 con la consecución de la Copa del Rey, que supuso el título número 14 para la era Guardiola. Uno a uno, ganados a base de tesón, esfuerzo y 24 horas de dedicación, de estudio, de análisis de rivales y giros tácticos valientes, pero siempre fieles a un concepto futbolístico exquisito y al toque de balón por encima de todo.

Se trató, sin duda, del mejor epílogo posible a la trayectoria de  Pep en el Barça.  Una carrera salpicada de éxitos, de estadísticas de récord, que sería imposible enumerar, pero que quedan resumidas en una sola: el técnico de Santpedor se marcha sin conocer la derrota en el Santiago Bernabéu, donde hasta su llegada nunca se había conseguido ganar dos temporadas consecutivas. Precisamente ahí comenzó a forjarse su leyenda, con ese 2-6 que inauguró el mejor mes de mayo de la historia del club, el de 2009, año del triplete. El "Iniestazo", la final de Mestalla ante el Athletic (uno de los clubes a los que más admira Guardiola y frente al que el destino ha querido que sea su último encuentro como entrenador del Barça), la Liga en Mallorca, la final de Roma. Una borrachera de éxitos y buen juego que dieron la vuelta al mundo y han mantenido al conjunto blaugrana en la primera posición futbolística mundial, referente para niños y mayores, ejemplo de deportividad y buen gusto.

Hombre de palabra, Pep no prometió títulos: sólo se comprometió a trabajar duro. "Abróchense los cinturones, porque lo pasaremos bien" fueron las palabras de su primer discurso en el Gamper de 2008, y vaya si las llevó a cabo. Su marcha deja un poco huérfanos nuestros corazones y la incertidumbre de lo que ocurrirá a partir de ahora. Pero su sucesor no empieza de cero: a pesar de tener su alargada sombra y la presión de sus éxitos sobre sus espaldas, Vilanova cuenta con el apoyo de su amigo y con la base del equipo hecha. Se trata, simplemente, de continuar la idea, de hacer lo que en esta casa siempre ha gustado: jugar bien al fútbol. No habría mejor homenaje posible para Guardiola que continuar su obra, que en sus propias palabras "tendrá larga vida".

Mañana comienza una nueva era. Gracias Pep, hasta siempre. Sé que tu camino y el del Barça volverán a cruzarse algún día. Por el momento, cada vez que escuche "Viva la Vida" o "Humans" se me seguirán poniendo los pelos de punta y me seguiré acordando de esas temporadas mágicas que nos has regalado. Si alguien merecía no marcharse por la puerta de atrás, eras tú. Sentiste que estabas preparado para llevarnos a la gloria, y has sabido ver el momento menos doloroso para partir de casa. Ojalá vuelvas a abrocharte ese cinturón que ahora te aprieta y te has quitado, te llenes pronto, recargues pilas y vuelvas. El mundo del fútbol siempre necesita a genios como tú. Desde aquí, mientras tanto, seguiremos apoyando ese Barça que nos une.

domingo, 6 de mayo de 2012

El mejor homenaje para Pep




Hace apenas unos días, cuando Pep Guardiola anunció, escoltado por Andoni Zubizarreta y Sandro Rosell, que no seguiría al frente del banquillo del F.C. Barcelona, llamó la atención que en la concurrida sala de prensa no estuviera Leo Messi. El argentino, el jugador que más ha crecido desde que llegó el de Santpedor, ganador de las tres últimas ediciones del Balón de Oro (y probablemente camino de la cuarta), excusó su ausencia debido a su timidez y a la emotividad del momento. No quería que las cámaras captaran la tristeza que sentía por la marcha de la persona que, junto a Frank Rijkaard, quien lo hizo debutar con dieciséis años, ha marcado su carrera. En aquel momento, los tres representantes del club, Pep, Sandro y Zubi, no dudaron en afirmar que Messi estaba allí; que, de alguna u otra manera, estaba con ellos.
En la emotiva noche de ayer, en la que el Camp Nou se vistió de gala para despedir al mejor entrenador en la historia del club, Messi, hombre de pocas palabras, prefirió hablar donde mejor sabe, sobre el campo, y rindió su propio y sentido homenaje a Guardiola con un póker de goles. Uno tras otro, le fue dedicando a Pep cada uno de los tantos que consiguió en una de las noches más especiales para la parroquia blaugrana. De falta, de penalty por dos veces (muy fácil pitarlos ahora, ciertamente) y de jugada, el argentino destapó por enésima vez el tarro de las esencias para alcanzar unas cifras de récord: 78 tantos en la temporada, 50 de ellos en Liga, donde es pichichi destacado con cinco de ventaja sobre el segundo, a falta de una jornada. En el cuarto, Leo no pudo evitar hacer caso a su corazón y se dirigió al banquillo, donde se organizó una piña de jugadores en torno al técnico culé.


Se trató de un ensayo general para lo que el club le tenía reservado a Pep. Al finalizar el encuentro, sus jugadores le desobedecieron por primera vez en cuatro años: no quisieron acompañarlo al círculo central, a pesar de su insistencia. Sabían que era su noche, que ni siquiera ese póker de Messi ensombrecería su protagonismo. Un vídeo de sus mejores momentos al frente del club de su vida y una canción de su amigo Lluís Llach (Que tinguem sort) dieron paso a las esperadas palabras de despedida de Guardiola, quien, como en cada una de sus ruedas de prensa, sentó cátedra y dejó perlas como las siguientes: "No sabéis el cariño y la felicidad que me llevo a casa", "El que más pierde soy yo", "Os dejo en las mejores manos", "Esto tendrá larga vida" y, sobre todo, "Hasta pronto, que a mí no me perderéis nunca". La afición culé es consciente del barcelonismo de Pep y no tiene ninguna duda de que el técnico regresará cuando sienta que el club necesita su ayuda.
El Viva la vida! de Cold Play, el manteo posterior y la sardana final pusieron el punto y seguido la etapa más brillante de la historia del F.C. Barcelona, que puede verse redondeada el próximo 25 de mayo si se consigue la Copa del Rey. Sería el colofón ideal para un equipo que ha hecho historia, no sólo en la Liga española, sino en el fútbol europeo y mundial. El Barça, acostumbrado a ver marchar a los ídolos por la puerta de atrás, a fustigarse al menor contratiempo, al pesimismo generalizado y al complejo de inferioridad, en el último mes ha dado una muestra de madurez que sólo el paso del tiempo dirá si es definitiva: la afición ha apoyado incondicionalmente al equipo, a pesar de los duros reveses sufridos; y se ha rendido el mejor homenaje posible al mejor entrenador de su historia. Ambos, Pep y el Barça, el Barça y Pep, pueden mirar al futuro con la satisfacción que da el trabajo bien hecho. A buen seguro que sus caminos volverán a encontrarse muy pronto.



lunes, 30 de abril de 2012

La peor semana de la era Guardiola



He de pedir disculpas por no haber escrito desde hace una semana. He de pedir disculpas por lo que me costó asumir la derrota del pasado martes en la Liga de Campeones ante el Chelsea. Estuvimos dentro durante dos minutos. Hicimos lo más complicado: levantar el resultado ante un equipo que no vino a jugar, sino a encerrarse y dejar pasar el tiempo desde el calentamiento. Y lo dejamos escapar. Era el segundo disgusto consecutivo en casa. Sin embargo, la reacción del público el pasado martes deja bien claro que este equipo, este Barça de Josep Guardiola i Sala, ha cambiado la mentalidad del aficionado culé, ojalá que para siempre.
Pocos sospechábamos que el jarrazo de agua fría frente a los ingleses no iba a ser el último de una semana para olvidar. Desde mi punto de vista, la peor semana como culé desde el año del pasillo. En efecto, a quedarnos sin Liga y Champions, los dos grandes títulos de la temporada, se unió el golpe más duro: que nuestro entrenador, nuestro santo y seña, comunicara que, finalmente, los que quedan son sus últimos partidos al frente de nuestro Barça, de su Barça. Una decisión que todos debemos respetar, porque el genio de Santpedor se ha ganado de sobras su derecho a decidir cuándo poner punto y seguido a esta etapa. Sí, punto y seguido, ya que estoy segura de que, cuando su Barça lo necesite, volverá a acudir a la llamada, porque es uno de los nuestros.
Yo siempre había confiado en que se quedaría al menos un año más. En mi optimismo exacerbado, hice caso omiso a los "indicios" de que se acababa su brillante etapa dirigiendo al Barça. Para mí, que el club hubiera renunciado a la gira veraniega, que los jugadores hubieran pegado ese arreón final por la Liga desde el descalabro de Pamplona y, sobre todo, que se finalizara la campaña sin levantar ninguno de los dos títulos importantes eran signos inequívocos de que Pep renovaría. No quise ver la cruda realidad: si hubiera querido quedarse, ya habría firmado; y, sobre todo, las decisiones sobre el futuro del club estaban siendo ejecutadas básicamente porque ya estaba decidido su reemplazo: Tito Vilanova.
He de decir que me pareció absolutamente brutal el dominio desde el punto de vista de la comunicación desplegado por el F.C. Barcelona el pasado viernes. No sólo porque el mejor entrenador de nuestra historia obtuvo el merecido reconocimiento de todos los estamentos del club (jugadores, directivos...), sino por el golpe de efecto que supuso el nombramiento del nuevo técnico. Desde la tarde anterior (por lo que yo pude "pulsar" a través de las redes sociales), el desánimo cundió entre los aficionados que ya íbamos asumiendo la marcha de Pep. Era como si con su partida se acabara el Barça. En unas horas, cinco o seis candidatos se postulaban para sucederlo. Para evitar más especulaciones, acabar con la incertidumbre y demostrar, a la vez, una gran madurez deportiva (la solución, una vez más, la buscaremos en casa), Sandro Rosell anunció el nombre del elegido. Todos aquellos que habían afirmado que Guardiola se marchaba por la enfermedad de su alter ego quedaron con el "culé" al aire.
¿Y ahora qué? Pues orgullo y amor propio. Eso es lo que ha demostrado el Barça de Pep en Vallecas. Sin jugarse prácticamente nada, salvo premios individuales, como el zamora (yo sabía que Valdés ya no jugaba más y, además de preparar a Pinto para la final de Copa, se lo aseguraría), o el pichichi (Messi empató al frente de la clasificación, con sus 43 goles), los jugadores entendieron que el mejor homenaje que pueden hacerle a quien les ha llevado al triunfo en estos cuatro años es jugar al fútbol. Ni más ni menos que seguir haciendo realidad todas esas jugadas que la mente maravillosa de Pep ha imaginado en cada pizarra, en cada entrenamiento, en cada partido. Su alumno más aventajado, Leo Messi, le rindió pleitesía con dos goles y cuatro asistencias. Es decir, participó en seis de los siete tantos directa o indirectamente. El argentino no conoce otro modo de agradecerle a su entrenador la crucial influencia en su carrera deportiva, en la que va camino de su cuarto Balón de Oro. La Cibeles, pues, se duerme sola esta noche.

domingo, 22 de abril de 2012

Somos… Y seremos

Tan importante como saber ganar, en la vida hay que saber perder. Cuando uno ha alcanzado la cima tantas veces, cuando ha probado las mieles del éxito, cuesta asimilar una derrota. Y más si se produce ante el eterno rival, en tu Estadio, ante tu afición, entregada como en las grandes ocasiones (impresionantes el mosaico y el himno "a capella" de los prolegómenos). Casi cien mil personas creían que el milagro era posible. Este equipo, el Barça de Guardiola, nos ha malacostumbrado durante estas cuatro temporadas. Una tras otra, ha superado retos que parecían imposibles. Ayer no pudo ser.

Sin embargo, lejos de buscar excusas, el discurso, uno por uno, de los integrantes del plantel y del propio técnico fue absolutamente deportivo. Todos dieron la cara, todos asumieron sus propios errores, ninguno se escudó en arbitrajes (y eso que el primer gol fue, cuando menos, dudoso), campañas orquestadas, menor descanso por el calendario... Lo único que lamentaron fue no seguir dando alegrías a esa afición que supo reconocer su esfuerzo y agradecer todo lo logrado hasta el momento animando hasta el final, estando con sus jugadores cuando sus fuerzas flaqueaban.

Efectivamente, la Liga se perdió ayer. No matemáticamente, pero sí virtualmente. Para mí, el encuentro tuvo varias claves. En primer lugar, en los once escogidos: para mí, Guardiola se equivocó esta vez. Supongo que él más que nadie sabe cómo están sus futbolistas, pero, desde mi punto de vista, no te puedes jugar el partido crucial de la Liga con los dos fichajes estrella en el banquillo y darle la responsabilidad a dos chavales del filial como Thiago y Tello. Se me ocurren dos posibles razones: o el de Santpedor intuía que, aun poniéndose a un punto, la Liga sería imposible y apostó por reservar a Cesc y Alexis para el martes; o ambos están físicamente muertos (en el caso del canterano, es más que evidente que su rendimiento no pasa por su mejor momento).

En segundo lugar, el planteamiento, para mí, fue equivocado. Me sorprendió muy gratamente la alineación de Mourinho porque me esperaba un rival mucho más conservador. A priori, me frotaba las manos pensando en que, si los jugadores culés hacían su juego, no sólo ganarían el partido sino que podrían haber goleado otra vez a los blancos. Sin embargo, en ningún momento se aprovechó la superioridad de medios en el centro del campo: se abusó de la conducción en lugar de asegurar el pase, las imprecisiones fueron constantes en controles y pases fáciles, cada jugador hacía la guerra por su cuenta... Más que ayudarse, Busquets, Thiago, Xavi e Iniesta se estorbaban. A pesar de salir con defensa de tres y dos extremos (Tello y Alves), en contadas ocasiones se buscó el espacio o el desborde ante jugadores que, desde mi punto de vista, eran bastante inferiores en velocidad (Arbeloa y Coentrao). La defensa blanca vivió tranquila anulando las conexiones con Messi, al que tapaban cuatro jugadores (Pepe-Ramos-Khedira y Alonso).

En tercer lugar, se reaccionó tarde con los cambios. El partido pedía a gritos otra referencia que acabara con las facilidades del frontón de dos líneas ordenadas que tenía nuestro rival. No fue casualidad: Alexis saltó al campo y la casi el primer balón que tocó lo enchufó. La explicación es sencilla: su presencia creó dudas, fijó a los centrales, que ya no sabían si taparlo a él o a Leo, y el argentino pudo zafarse de su vigilancia. Lástima que la corriente favorable del gol durara sólo dos minutos: los que tardó CR en aprovechar los huecos de la defensa de tres. Un gol que supuso un auténtico mazazo para el Barça, que ya sí que no dio pie con bola hasta el final.

Desde mi punto de vista, el partido se perdió por errores propios más que por mérito del rival. Eso sí: ellos son justos campeones de Liga. Y lo son porque, no nos engañemos, la competición no se perdió ayer: se empezó a perder en otros campos, como Getafe o Pamplona, donde el equipo no estuvo a la altura de otros años. No es una crítica hacia los jugadores, a los que no se les puede reprochar nada: con tres títulos en el zurrón y en la final de Copa, tiene ante sí el reto de alcanzar también la de la Champions el próximo martes. Ha peleado en todos los frentes hasta el final, mermado por golpes importantes, como la enfermedad de Vilanova o las lesiones de Afellay (una vez adaptado al equipo, el holandés habría tenido un papel importante a la hora de rotar a los titulares por su polivalencia), de Villa (cómo se han echado en falta los veinte golitos que asegura el asturiano cada año) y Abidal (ayer especialmente se hubiera prodigado en ataque y habría generado superioridad en la banda izquierda), a las que hay que añadir los continuos problemas físicos de Alexis y Pedro (otro que aseguraba quince o veinte dianas por año).

Sin embargo, independientemente de lo que ocurra el martes, este no es el final de este equipo. La grandeza del deporte reside en saber levantarse cuando uno se cae. A pesar de la derrota, SOMOS el mejor equipo del mundo. Y lo SEREMOS mientras sigamos manteniendo nuestra identidad. Esa que, aun en los peores momentos, es irrenunciable.